¡Hola a todos!
Hoy os traigo una metáfora nueva. En ella explico como a veces dejarnos llevar por el cortoplacismo nos limita a aprender nuevas conductas que pueden ser realmente útiles en nuestra vida. Me gusta usar ejemplos del día a día, con experiencias compartidas a las que muchos, probablemente, hemos tenido acceso en algún momento. Así que hoy os dejo el ejemplo del perfume. Seguro que os suena 😉
Tolerar la espera, la incertidumbre, mirar en nuestra experiencia sin dejarnos llevar por la intensidad del momento a veces es difícil.
Nuestro contexto nos lo pone fácil para obtener aquello que deseamos de manera inmediata como pedir comida a domicilio, comprar a través de internet o acceder a gran variedad contenido audiovisual, entre otras cosas. La gratificación inmediata está a la orden del día. Cualquier sensación de malestar o incomodidad puede ser tapada por múltiples opciones derivadas del contexto capitalista en el que vivimos.
¿Qué opináis sobre esto?
Espero que os haya gustado 🙂

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