Las asociaciones entre algunas palabras y significados establecidos por nuestro contexto (neoliberal sobre todo) pueden resultar peligrosas y establecer patrones de conductas poco funcionales y dañinos, como lo de «ser fuertes» o el lenguaje bélico que se usa en referencia al afrontamiento de enfermedades (lucha, batalla etc…).
Vivimos en una sociedad donde se premia el estoicismo, entendido como el aguante, la supresión de emociones, el «tira pa’lante» sin parar a mirar si realmente es una opción sana…
Cuidado, ese «ser fuerte», paradójicamente, puede acabar rompiéndonos en mil pedazos. Ser vulnerables y reconocer nuestros límites, en muchas ocasiones, es la mejor opción.
¿Por qué no le damos una vuelta a la semántica? 🙂

 

 

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